La presencia de las redes sociales y la subjetividad de la época ¿esas raras subjetividades nuevas?
- Estefanía Szenejko

- hace 2 días
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Lic. Estefanía Szenejko
Licenciada en Psicología – Docente universitaria

“Mejor pues que renuncie quien no pueda unir a su horizonte la subjetividad de su época.”
J. Lacan
En el Seminario 17, Lacan reinterpreta las ideas de Freud expuestas en Psicología de las masas y análisis del yo y El malestar en la cultura, con el fin de abordar cuestiones sociales y presentar su teoría sobre los discursos. Por lo tanto, si pensamos en cuestiones sociales, se entiende que el lazo social es la única forma de existencia a la que puede aspirar el individuo, es importante repensar las nuevas formas de hacer clínica desde la pandemia para poder identificar cómo ha impactado el uso de las redes sociales y la tecnología. La tecnología, con su extensión sin precedentes y su nuevo espacio-tiempo ilimitado, debe ser cuestionada desde una perspectiva ética para comprender los cambios epocales. En este contexto, la omnipresencia de las redes sociales y la conectividad característica de nuestra época desempeñan un papel fundamental, transformando la manera en que nos relacionamos y vivimos nuestra existencia social, demandando a un sujeto hiper conectado “Dame un poquito de amor, no quiero un toco, quiero algo de razón, no quiero un loco” cantaba Charly allá por el año 1980, y Lacan nos recuerda que en el Seminario 7 la definición de una erótica: la erótica marca “las reglas de juego del amor”, reglas que cambian según las
modalidades históricas del Otro y el sujeto. . ¿Estamos ante nuevas formas de crear lazos? ¿Podemos pensar “esas raras subjetividades nuevas”? Aquellas atravesadas por la hiperconectividad sin permitir que nos recluyamos del Otro, que le faltemos y que nos falte ¿Ante qué nuevos desafíos estamos como analistas de época?
“Lo epocal” ¿La época?
Desde la famosa época victoriana de Freud, pasando por el periodo de posguerra, estructuralismo y post estructuralismo de Lacan hasta la actualidad -que hablamos de la postmodernidad o era de la globalización- es interesante poder analizar lo que indica el reconocido sociólogo Bauman con su concepto de “modernidad líquida”. Nos propone pensar las estructuras sociales y las relaciones personales desde una arista más flexible y menos predecible. Las certezas y los compromisos a largo plazo han sido reemplazados por una constante búsqueda de nuevas experiencias y la inmediatez, a la orden del día. Hoy en día, retomando lo epocal de Freud, no enfrentamos la represión de la sexualidad sino la trivialización de su expresión y la proliferación del espectáculo sexual. Según Miller, vivimos en un régimen donde la transgresión y la liberación sexuales se han vuelto problemáticas. Todo está demasiado liberado, sin restricciones, lo que resulta en una época sin puntos de referencia sólidos, con la caída de ideales, la pérdida de creencias y un individualismo extremo. Este individualismo está acompañado de una falta de juicio sobre las acciones y el abandono de aquellos que no encajan o han sido excluidos del mercado de consumo (Baudini, 2003). En relación a esto, las redes sociales, reflejan y amplifican la naturaleza efímera y superficial de las relaciones en esta modernidad liquida. Byung-Chul Han, en su libro “La sociedad de la transparencia” critica la cultura y la exposición y la vigilancia que fomentan las redes sociales y cómo afectan la subjetividad y a la intimidad. La intimidad que se produce en un espacio analítico, independientemente de las coordenadas que encuadren el dispositivo, se reformulan a través de “clavarle el visto a un paciente” ¿Es una intervención? ¿Es adecuado mirar el estado de Whatsapp de un paciente? Los pacientes nos abren la puerta de la intimidad de sus hogares. Escuchamos los ruidos, a los familiares, sus mascotas que participan en sesiones. Pacientes desayunando mientras están hablando, o sentados en sus autos en el garaje buscando la intimidad que no encuentran en sus hogares, planteando si esta materialidad doméstica obtura nuestra escucha y nuestra mirada con relación al sujeto del inconsciente, al lenguaje, al texto que podemos o no podemos leer desde cualquier espacio en el cual el paciente nos invite a que algo de la práctica del psicoanálisis aparezca. En la Conferencia de Ginebra, Lacan indica “El inconsciente no es simplemente por ser no sabido. Lo que Freud aporto es lo siguiente: no hay necesidad de saber que se sabe para gozar de un saber” Y en relación a esto, nos insta a pensar, a abrir preguntas. Preguntas que quizás las respuestas no sean satisfechas ni respondidas, al menos por ahora. No poder hacerle lugar a la subjetividad de la época nos hablaría de que el psicoanálisis sólo se quede ¿en una esfera intelectual?, alejada de los cambios y de la realidad.
Lacan nos decía en 1953 “Mejor pues que renuncie quien no pueda unir a su horizonte la subjetividad de la época”. En ese escrito llamado “Función y campo de la palabra”, el autor plantea un retorno a los fundamentos freudianos, para re pensar la práctica analítica. Entonces, tomando como referencia la mitad del siglo XX, el capitalismo, estatuido en el lugar del discurso del amo, establece una relación con los objetos que perjudica los lazos sociales y trata de silenciar la división interna del sujeto. Miller, en el texto “El analista ciudadano”, destaca la importancia de que los analistas sean conscientes de los discursos dominantes que intentan controlar y silenciar al sujeto. Subraya que estos profesionales no pueden ignorar las implicaciones sociales y políticas de su práctica, ya que la subjetividad del individuo está profundamente influenciada por el contexto histórico y social en el que vive. Pone énfasis en la necesidad de que los psicoanalistas participen activamente en la crítica de los discursos hegemónicos, como el capitalismo y el neoliberalismo, que buscan homogeneizar y silenciar la singularidad del sujeto. Por lo tanto, el psicoanálisis solo perdurará si hay analistas que estén dispuestos a escuchar tanto al individuo como a los discursos dominantes de cada época que buscan silenciarlo. Ignorar la subjetividad de la época conlleva el riesgo de convertir el psicoanálisis en una mera experiencia intelectual desconectada de la realidad, o de fomentar una visión infantil omnipotente en la que se cree que basta con desear y ser coherente con ese deseo, sin reconocer que este deseo en realidad señala un vacío con el que todos, tarde o temprano, nos enfrentamos.
En relación a la pregunta del título del presente escrito, y haciendo referencia a la canción del gran maestro Charly García “Raros peinados nuevos”, en ese tema hay una estrofa que dice “Dame un poquito de amor, No quiero un toco. Quiero algo de razón. No quiero un loco. Apaga el televisor”. Lacan define al amor, como una conexión con el Otro, basada en la falta y el deseo, una dimensión simbólica donde el lenguaje juega un papel crucial, en definitiva, un intento de colmar una falta constitutiva, aunque esta falta nunca puede ser completamente satisfecha. Nothomb, en “Golpéate el corazón”, relata la historia de Zoe, una joven adolescente con vínculos familiares conflictivos, que se interpela sobre la subjetividad, el lugar que tiene su madre para ella y el lazo con los otros indicando “la verdad no existe, solo existen interpretaciones, cada ser humano es un universo entero, nadie puede entender realmente al otro”.
El amor implica un reconocimiento mutuo entre lo sujetos, amar es reconocer al otro en su alteridad, aceptar su diferencia y que también está en falta. Quizás, la demanda de un otro completo, perfecto, que se adapte a un ideal rígido hace que lo sujetos se rompan en síntomas. “¿Se obtura la falta para que ocurra algo del orden del amar? ¡Apaga el televisor!
Bibliografía
Baudini, S. (2003). Entrevista a Graciela Brodsky. Acción Lacaniana, vol. 8
Bauman, Z. (2000). Modernidad líquida. Fondo de Cultura Económica.
Han, B.-C. (2013). La sociedad de la transparencia (Trad. A. Pérez). Herder.


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